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Inicio » Ozempic y Mounjaro: cuándo tienen sentido y con control médico
El auge de los fármacos para perder peso ha abierto un debate médico sobre beneficios reales, riesgos y la importancia del seguimiento especializado.

En los últimos meses, nombres como Ozempic y Mounjaro han pasado del entorno médico a conversaciones cotidianas, redes sociales y titulares. Lo que comenzó como un tratamiento para la diabetes tipo 2 se ha popularizado como una solución rápida para perder peso, generando expectativas poco realistas y, en algunos casos, un uso sin supervisión médica. Esta tendencia ha abierto un debate necesario en el ámbito sanitario: hasta qué punto estos fármacos son adecuados, para quién están indicados y qué riesgos conlleva utilizarlos sin una valoración clínica previa. Más allá del efecto sobre la báscula, el verdadero reto está en entender qué ocurre en el organismo y por qué el control médico no es opcional, sino imprescindible.

¿Qué es Ozempic?

Ozempic es el nombre comercial de la semaglutida, un medicamento inyectable desarrollado inicialmente para el tratamiento de la diabetes tipo 2. Pertenece al grupo de los agonistas del receptor GLP-1, una hormona implicada en la regulación del apetito, la secreción de insulina y el vaciado gástrico. Al actuar sobre este sistema, Ozempic mejora el control glucémico y genera una sensación de saciedad más temprana y prolongada, lo que puede favorecer la reducción de la ingesta calórica. Su administración es semanal y su efecto es progresivo, por lo que la pérdida de peso no es inmediata ni igual en todos los pacientes. Aunque se ha popularizado fuera del ámbito de la diabetes, no es un fármaco diseñado con fines estéticos. Requiere indicación médica, ajuste individual de dosis y seguimiento clínico, ya que su impacto afecta al metabolismo global del organismo.

¿Qué es Mounjaro?

Mounjaro es el nombre comercial de la tirzepatida, un medicamento inyectable más reciente, también desarrollado para la diabetes tipo 2. A diferencia de Ozempic, actúa sobre dos receptores hormonales, GLP-1 y GIP, lo que produce un efecto más intenso sobre el apetito y el metabolismo. Esta acción dual explica que en algunos pacientes genere una mayor pérdida de peso, pero también que pueda asociarse a un mayor riesgo de efectos secundarios digestivos, especialmente durante las fases iniciales o los cambios de dosis. Mounjaro no es intercambiable con Ozempic ni adecuado para todos los perfiles. Su uso debe basarse en una valoración médica completa y siempre dentro de un plan terapéutico con seguimiento profesional.

Por qué se han popularizado tanto

El interés por estos fármacos se explica por varios factores: resultados visibles en pérdida de peso, sensación de saciedad rápida, administración semanal y una gran amplificación en redes sociales. Sin embargo, esta popularidad ha llevado a que muchas personas los utilicen sin una evaluación médica adecuada, olvidando que no todos los organismos responden igual ni todos los pacientes se benefician del tratamiento.

Diferencias clave entre Ozempic y Mounjaro

Aunque suelen mencionarse juntos, no son intercambiables. Ozempic actúa sobre un solo receptor hormonal y suele producir una pérdida de peso progresiva, con mejor tolerancia en algunos pacientes. Mounjaro actúa de forma dual, con mayor impacto metabólico, pero también con mayor probabilidad de efectos secundarios digestivos. “No existe un fármaco mejor de forma universal; existe el fármaco adecuado para cada paciente”, explica un especialista en medicina interna del Hospital VOT.

Riesgos de usar estos fármacos sin control médico

El principal problema no es el medicamento, sino el contexto en el que se utiliza. Sin seguimiento adecuado pueden aparecer náuseas y vómitos persistentes, deshidratación, pérdida excesiva de masa muscular, déficits nutricionales, problemas de vesícula biliar, efecto rebote tras la suspensión y, en casos poco frecuentes, pancreatitis. Además, existen contraindicaciones claras que muchas veces se desconocen si no hay una valoración médica previa.

Cuándo sí pueden estar indicados

Estos tratamientos pueden ser útiles cuando existe obesidad con criterios médicos, diabetes tipo 2, riesgo cardiovascular o cuando han fracasado otras estrategias previas. En todos los casos deben formar parte de un plan terapéutico completo, no de una solución aislada.

El papel clave del internista en estos tratamientos

Aquí es donde entra la figura del especialista en Medicina Interna. El internista evalúa al paciente de forma global, no solo su peso. Analiza antecedentes, medicación, hábitos, riesgos y objetivos reales, ajusta dosis, controla efectos secundarios, coordina con nutrición y decide cuándo iniciar o suspender el tratamiento. “Estos fármacos no son para adelgazar rápido, sino para tratar un problema de salud con criterio médico y seguimiento”, señala un internista. El control médico no limita el tratamiento, lo hace seguro y eficaz.

¿Estás pensando en usar Ozempic o Mounjaro y quieres hacerlo con seguridad en Madrid?

En Hospital VOT, el servicio de Medicina Interna realiza una valoración integral antes de iniciar cualquier tratamiento con estos fármacos, asegurando seguimiento médico, control de efectos secundarios y un enfoque responsable centrado en la salud del paciente.

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