Una estructura clave en la continencia, la función sexual y la estabilidad abdominal que merece evaluación especializada
El suelo pélvico es una de las estructuras más importantes del cuerpo y, al mismo tiempo, una de las más desconocidas. Solo suele ocupar un lugar en la conversación cuando aparecen síntomas como escapes de orina o gases, sensación de peso en la pelvis, dolor en la zona perineal o molestias durante las relaciones sexuales. Sin embargo, su función va mucho más allá. Actúa como soporte de órganos vitales, participa en el control de esfínteres y colabora en la estabilidad del abdomen y la columna. Cuando se debilita o se altera su coordinación, la calidad de vida puede verse afectada de forma significativa.
¿Qué es el suelo pélvico?
El suelo pélvico es el conjunto de músculos, ligamentos y tejidos conectivos que cierran la parte inferior de la pelvis. En la mujer sostiene la vejiga, el útero y el recto; en el hombre sostiene la vejiga y el recto. Su función principal es mantener estos órganos en su posición correcta y colaborar en el control voluntario de la micción y la defecación. También interviene en la función sexual y en la estabilidad del tronco. Cuando esta musculatura pierde fuerza, elasticidad o coordinación, pueden aparecer disfunciones que requieren valoración médica.
Cuándo puede alterarse el suelo pélvico
El suelo pélvico puede debilitarse o lesionarse por diferentes causas. Las más frecuentes son los embarazos y partos vaginales, cirugías pélvicas, cambios hormonales como la menopausia, esfuerzos repetidos, obesidad, estreñimiento crónico o el envejecimiento natural de la musculatura.
En algunos casos, el problema no es solo de fuerza, sino de coordinación. Un músculo que no se relaja correctamente también puede generar síntomas.
“Muchas personas piensan que el suelo pélvico solo se trabaja con ejercicios genéricos, pero cada paciente necesita una evaluación específica. No todos los problemas se deben a debilidad; a veces el problema es la coordinación”, explica la Dra. Rosangela Obregón, especialista en coloproctología.
Síntomas que no deberían ignorarse
Algunas señales de alerta incluyen:
- Escapes de orina o gases
- Incontinencia anal
- Sensación de peso o presión en la pelvis
- Dolor pélvico persistente
- Dificultad para evacuar
- Disminución de la calidad de las relaciones sexuales
Estos síntomas no deben normalizarse ni asumirse como inevitables.
Cómo se estudia correctamente
La evaluación del suelo pélvico comienza con una historia clínica detallada y una exploración física específica. En función de los síntomas, pueden indicarse pruebas funcionales como manometría anorrectal, ecografía endoanal o estudios de imagen para valorar la integridad muscular.
Un diagnóstico preciso permite diferenciar si el problema es muscular, neurológico o estructural.
Tratamientos actuales
El tratamiento depende del diagnóstico y suele plantearse de forma escalonada.
- Rehabilitación específica del suelo pélvico
- Biofeedback y técnicas de reeducación muscular
- Tratamientos intervencionistas en casos seleccionados
- Cirugía cuando existe lesión estructural significativa
En muchos casos, la rehabilitación guiada por profesionales especializados consigue mejorar de forma notable los síntomas.
La importancia de una unidad especializada
Contar con una unidad especializada en coloproctología y suelo pélvico permite un abordaje integral: diagnóstico, pruebas funcionales, coordinación con fisioterapia y seguimiento estructurado.
El objetivo no es solo tratar el síntoma, sino recuperar la función y mejorar la calidad de vida.
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